Jerarquía de Procedimientos para la Práctica Efectiva y Humanitaria

Propósito

La Jerarquía Humanitaria sirve para guiar a profesionales en su proceso de toma de decisiones durante el entrenamiento y modificación de conducta. También asiste a los dueños y a los profesionales del cuidado animal en entender el estándar de cuidado a ser aplicado en determinadas prácticas de entrenamiento y metodologías, y el orden de implementación para aplicar tales prácticas de entrenamiento y metodologías.

Jerarquía de Procedimientos para la Práctica Efectiva y Humanitaria

  1. Factores nutricionales, de salud y físicos: Asegurarse de que cualquier indicador de posibles factores médicos, nutricionales y factores de salud son abordados por un veterinario licenciado. El consultor debiera también abordar los factores potenciales del entorno físico.
  2. Antecedentes: Rediseñar los eventos de configuración, cambiar las motivaciones y agregar o quitar estímulos discriminativos (señales) para el comportamiento problemático.
  3. Refuerzo Positivo: Emplear acercamientos que entreguen eventualmente una consecuencia para incrementar la probabilidad de que el comportamiento deseado ocurra.
  4. Reforzamiento Diferencial de una Conducta Alternativa: Reforzar una conducta de reemplazo aceptable y quitar el reforzador mantenido/sostenido para la conducta problemática.
  5. Castigo Negativo, Refuerzo Negativo, o Extinción (estas no están listadas en orden alguno de preferencia):
    1. Castigo Negativo – Quitar eventualmente un reforzador positivo para reducir la probabilidad de que la conducta indeseada ocurra.
    2. Refuerzo Negativo – Quitar eventualmente un estímulo aversivo antecedente para incrementar la probabilidad de que la conducta correcta ocurra.
    3. Extinción – Quitar permanentemente el reforzador mantenido para suprimir la conducta o reducirla a sus niveles base.
  6. Castigo Positivo: Entregar consistentemente una consecuencia aversiva para reducir la posibilidad de que la conducta problemática ocurra.

Terminología Útil

*La intrusión se refiere al grado en que el alumno tiene control. El objetivo de LIMA es que sus entrenadores/consultores determinen y usen la intervención efectiva menos intrusiva que aborde el comportamiento objetivo. En el curso de la práctica de un entrenador/consultor experimentado, él o ella puede identificar una situación en la que se necesita un procedimiento relativamente más intrusivo para un resultado efectivo. En tal caso, un procedimiento que reduce el control del aprendiz puede ser la opción menos intrusiva y efectiva. Además, el bienestar se encuentra en la parte superior de la jerarquía para garantizar que un entrenador/consultor no implemente una solución de aprendizaje para los problemas conductuales usando el dolor o la enfermedad. La jerarquía es una herramienta de precaución para reducir tanto el seguimiento de las reglas dogmáticas como la práctica por familiaridad o conveniencia. Ofrece un punto de control ético para que los consultores consideren cuidadosamente el proceso mediante el cual los resultados efectivos pueden lograrse de forma más humanitaria, caso por caso. Justificaciones tales como "¡funcionó con el último caso!" no son apropiadas. El programa de evaluación y cambio de comportamiento de cada animal debe ser un estudio del individuo (es decir, animal individual, entorno, cuidador, etc.). Cambiar el comportamiento se entiende mejor como una evaluación de individuos.

¿Qué es lo que está mal?
La efectividad no es suficiente

Susan G. Friedman, Ph. D. Departamento de Psicología
Universidad Estatal de Utah, Logan, Utah.

En cuanto a las enfermedades, haz un hábito de dos cosas: ayudar, o al menos no hacer daño. (Hipócrates)

De las muchas facetas importantes expresadas en el ideal simple de Hipócrates, seguramente una de las más importantes es su universalidad. De hecho, este principio ético es tan aplicable a los cuidadores como a los médicos; a problemas de conducta o en cuanto a enfermedades; y a los animales como a las personas. Sin embargo, tan pronto como la primera dicotomía entre ayudar y dañar pudiera aparecer, puede ser un tema complicado con respecto a los procedimientos utilizados para cambiar la conducta de un animal.

¿Qué es lo que está mal?

Desafortunadamente, no es raro que a los perros se les cuelgue de las correas, o a otros animales les den un shock o se los prive de comida o interacción social como respuesta a las conductas problemáticas. Afortunadamente, la mayoría de las personas no tienen problemas para juzgar estas estrategias como inapropiadas hasta el punto de ser físicamente abusivas. Sin embargo, considere las siguientes sugerencias para resolver problemas conductuales comunes con perros:

  • Cuando un perro responde agresivamente a las patinetas, contenerlo mientras los niños patinan alrededor del animal.
  • Cuando un perro evita caminar sobre el piso de linóleo, llevarlo al centro de la habitación y alejarse.
  • Cuando un perro lucha por escapar de un cepillo que está cerca de su cara, sostenerlo mientras lo cepilla.
  • Cuando un perro vocaliza incesantemente, rociarlo con agua o golpear una cacerola con una cuchara.
  • Cuando un perro mastica artículos no alimenticios, empujar su cabeza hacia atrás.

Puede ser más difícil juzgar lo inadecuado de estas estrategias porque han sido sugeridas a los cuidadores con tanta frecuencia durante tanto tiempo. Las personas que continúan abogando por ellas lo hacen porque estas estrategias pueden ser efectivas para reducir las conductas problemáticas. Encogiendo los hombros dicen: “¡Mientras funcione!". Indudablemente, estos enfoques funcionan algunas de las veces. (De hecho, que estas estrategias solo sean efectivas algunas veces explica su uso continuado, de la misma manera en que los premios acumulados intermitentes explican el juego persistente, por ejemplo en los casinos). Sin embargo, el problema subyacente de la efectividad es un problema mucho mayor: la falta de criterios apropiados para juzgar y seleccionar los procedimientos que utilizamos para reducir las conductas problemáticas. La efectividad es un criterio, pero la efectividad por sí sola no es suficiente.

Intrusión y aceptabilidad social

La falta de un estándar que nos ayude a seleccionar los procedimientos de reducción de la conducta es un asunto crucial. Sin tal estándar, es probable que intervengamos solo sobre la base de la efectividad, sin la debida consideración de la humanidad. Para ser sumamente humanos, nuestras intervenciones deben ser tan discretas para el alumno como sea posible y aun así ser efectivas. Carter y Wheeler1 definen la intrusión según dos criterios importantes: 1) el nivel de aceptabilidad social de una intervención, y 2) el grado en que el alumno mantiene el control mientras la intervención está vigente.

La aceptabilidad social de un procedimiento de modificación de comportamiento es un juicio personal sobre qué es apropiado y razonable para un animal y problema específico. La investigación sobre la aceptabilidad de las intervenciones conductuales ha demostrado sistemáticamente que los maestros, psicólogos, padres e hijos consideran que los procedimientos basados en el refuerzo positivo son más aceptables que los procedimientos basados en el castigo2,3. Los efectos secundarios conocidos de los procedimientos basados en el castigo respaldan aún más este juicio. Estos efectos secundarios incluyen aumento en la agresión, miedo generalizado, apatía y conductas de escape/evitación, todas las cuales se observan con frecuencia en animales de compañía y otros. Cuando vemos estos comportamientos mostrados por los animales a nuestro cuidado, puede ser una indicación de que experimentan la vida entre los humanos como castigadora, a pesar de nuestras mejores intenciones. Hay problemas adicionales con los procedimientos basados en el castigo que se deben considerar cuidadosamente también:

  • El castigo no enseña a los alumnos qué hacer en lugar de la conducta problemática.
  • El castigo no enseña a los cuidadores cómo enseñar alternativas.
  • El castigo en realidad consiste en dos eventos aversivos: el inicio de un estímulo punitivo (castigador) y la pérdida del reforzador que ha mantenido la conducta problemática en el pasado.
  • El castigo requiere un aumento en la estimulación aversiva para mantener los niveles iniciales de reducción de la conducta.
  • El castigo efectivo refuerza a quien castiga, que, por lo tanto, es más probable que castigue nuevamente en el futuro.

Intrusión y control del aprendiz

El segundo de los criterios de Carter y Wheeler, el grado en que un procedimiento de reducción de la conducta permite el control del aprendiz, es esencial para desarrollar un estándar de práctica humanitaria y efectiva.

Las investigaciones demuestran que, en la mayor medida posible, todos los estudiantes deben tener la facultad de usar su comportamiento para controlar eventos significativos en sus vidas; es decir, usar su comportamiento de manera efectiva para lograr un resultado deseado. De hecho, para eso ha evolucionado el comportamiento.

Cuando los intentos de un animal para escapar a eventos aversivos son bloqueados, tienden a rendirse, incluso cuando su poder para escapar es restaurado. Este fenómeno, llamado indefensión aprendida, ha sido replicado con una variedad de especies animales (gatos, perros, monos, cucarachas, niños, humanos adultos4).

El bloqueo de una respuesta está asociado con efectos patológicos adicionales tales como la depresión, déficit atencional, problemas emocionales4 y actividad suprimida del sistema inmune5.

La conducta funcional de quien aprende se vuelve inefectiva siempre que ignoramos sus miedos, los obligamos a ir adonde no quieren y los forzamos a hacer cosas en contra de su voluntad. Incluso encerrar a un perro en su jaula con un juguete que le da miedo, basándonos en el razonamiento de que “se va a acostumbrar”, vuelve al perro indefenso, sin poder escapar. Cuando la falta de control se vuelve un estilo de vida, puede resultar en las conductas aberrantes que los animales realizan como vocalización excesiva, lamerse de forma repetitiva y conductas fóbicas.

Una Jerarquía de Intrusiones

Dentro del campo de análisis de conducta aplicada, hay un estándar de más de 40 años que promueve los procedimientos de reducción de conductas más positivos y menos intrusivos (conocidos también como la intervención de conducta menos restrictiva o least restrictive behavior intervention (LRBI, por su sigla en inglés). Este estándar se mantiene en la ley pública federal (de Estados Unidos) que protege a los niños (IDEA, 1997), y los Lineamientos de Conducta Responsable para Analistas de Conducta (Junta Directiva de Certificación para Analistas Conductuales, 2004). De acuerdo con este estándar federal y profesional, los procedimientos con estímulos aversivos son más intrusivos y solo se recomendarían después de que procedimientos menos intrusivos se hayan probado.

Para asistir en realizar estos juicios, Alberto y Troutman6 describieron una jerarquía de alternativas de procedimientos. En la cima de la jerarquía por ellos descripta se encuentran los procedimientos de Nivel 1 (variaciones de refuerzo diferencial de conductas alternativas), que son considerados socialmente más aceptables y mantienen el mayor grado de control para quien aprende. Al final de la jerarquía están los procedimientos de Nivel 5, que son considerados menos socialmente aceptables y mantienen la menor cantidad de control para quien aprende (procedimientos de castigo positivo).

En cuanto a la pregunta “¿La efectividad es suficiente?”, la respuesta es un rotundo “¡NO!”, cuando se trata de seleccionar intervenciones conductuales para niños. Seguramente una jerarquía de intervención similar, tanto ética como realmente aplicable, sería en el mejor interés de quienes aprenden, de sus cuidadores y los profesionales que trabajan con ellos para resolver los problemas conductuales. Al seleccionar los procedimientos efectivos, menos intrusivos (por ejemplo, con base en el refuerzo positivo y el empoderamiento) incrementamos la humanidad en nuestras intervenciones sin comprometer nuestros objetivos de aprendizaje.

Una Jerarquía Propuesta de Estrategias de Intervención

Expandiendo sobre la jerarquía para profesores de Alberto y Troutman, la imagen a continuación muestra la jerarquía propuesta de las estrategias de intervención que toman en consideración el manejo de los antecedentes distantes e inmediatos. La abrumadora mayoría de los problemas conductuales pueden ser prevenidos o resueltos con una o más estrategias representadas en los niveles 1 al 4 (por ejemplo, manejando los antecedentes distantes e inmediatos, refuerzo positivo y refuerzo diferencial de conductas alternativas). El Nivel 5 (por ejemplo, extinción, refuerzo negativo, y castigo negativo, sin un orden particular) puede ser ocasionalmente la opción ética efectiva bajo ciertas circunstancias. El Nivel 6, castigo positivo (por ejemplo, la aplicación de estímulos aversivos que reducen la posibilidad de que la conducta ocurra nuevamente) es raramente necesario (o sugerido por los estándares de las mejores prácticas) cuando uno tiene el conocimiento requerido de modificación de conductas y habilidades de enseñanza.

Suggested Hierarchy of Behavior hange Procedure from Least to Most Intrusive

Una jerarquía propuesta de procedimientos de modificación de comportamiento utilizando los criterios efectivos, más positivos, menos intrusivos (Nivel 1 más recomendado - Nivel 6 menos recomendado; Nivel 5 no está en ningún orden en particular).

Nota para Profesionales dedicados a la Consultoría de Conducta.

Lo que hace que el análisis de comportamiento sea único, según Bailey y Burch7, también es relevante para los profesionales que trabajan en comportamiento animal: tanto los analistas de comportamiento como los consultores de conducta animal supervisan a otros que llevan a cabo los planes de intervenciones conductuales, como aquellos para profesionales y cuidadores. Las intervenciones usualmente se realizan donde el problema de comportamiento ocurre realmente, y no en la oficina del consultor. Los participantes a menudo son muy vulnerables e incapaces de protegerse contra daños. Estas similitudes, y otras citadas a continuación, sugieren que los estándares éticos establecidos para los analistas de comportamiento tienen una gran relevancia para los consultores de conducta que trabajan con animales de cualquier especie. Por ejemplo, los siguientes estándares de analistas de comportamiento parecen deseables para todas las profesiones relacionadas con el comportamiento:

  • Proteja el bienestar de los participantes en todo momento.
  • Utilice intervenciones personalizadas para cada uno.
  • Diseñe intervenciones a partir de una evaluación funcional del problema.
  • Utilice únicamente procedimientos para los cuales existe una base científica (tratamiento basado en la evidencia).
  • Utilice métodos científicos para implementar y evaluar intervenciones (por ejemplo, recopile datos de referencia previos a la intervención y datos de tratamiento en curso hasta que finalice la intervención).

Conclusión

La efectividad no es suficiente cuando se trata de elegir y aplicar intervenciones de modificación de conducta. Al tomar prestado del campo del análisis de comportamiento aplicado con aprendices humanos, se propone una jerarquía ampliada de procedimientos que agrega un segundo criterio a la efectividad: la intrusión relativa. Sin este estándar ético, es probable que las intervenciones se seleccionen por conveniencia, familiaridad, velocidad o autoridad ciega, y pueden producir inadvertidamente efectos secundarios perjudiciales del castigo y la indefensión aprendida en nuestros animales. El compromiso de usar las intervenciones efectivas, más positivas, menos intrusivas, nos permiten pensar antes de actuar, de modo que podemos tomar decisiones sobre las medidas con las cuales logramos nuestros objetivos conductuales. De esta manera, podemos ser efectivos y humanitarios. Este es el estándar mínimo de cuidados que deberíamos lograr cumplir, por el bien de aprendices y cuidadores en igual medida.

Referencias

  1. Carter, SL, Wheeler, considerando la intrusión de las intervenciones. La revista internacional de educación especial; 2005, 20, 132-142.
  2. Elliot, SN. Aceptabilidad de los tratamientos conductuales: revisión de variables que influyen en la selección del tratamiento. Psicología profesional: investigación y práctica; 1988, 19, 68-80.
  3. Miltenberger, R. Evaluación de la aceptabilidad del tratamiento: una revisión de la literatura. Temas en Educación Especial para la Primera Infancia; 1990. 10, 24-38.
  4. Maier, SF, Seligman, MEP. La indefensión aprendida: teoría y evidencia. Revista de psicología experimental: general; 1976 105, 3-46.
  5. Laudenslager, ML, Ryan, SM, Drugan, RC, Hyson, RL. Afrontamiento e inmunosupresión: el choque ineludible pero no evitable suprime la proliferación de linfocitos. Ciencia; 221, 568-570.
  6. Alberto, PA, Troutman, AC. Análisis de comportamiento aplicado para profesores (6º). Upper Saddle River, NJ: Merrill Prentice Hall; 1999.
  7. Bailey JS, Burch MR. Ética para los analistas del comportamiento. Mahwah, NJ: LEA